La teatralización de una caída.
Eso es la obra Ruido de hombre que se estrella contra algo*.
Una tarde, un hombre está podando un árbol. Y cae. Una rama cede y
cae. El ruido de la cabeza del fémur que se rompe.
Queda tirado en el campo. Sabe
que una pierna rota, entre los animales, implica una muerte segura. No es
posible caminar hasta el agua o la comida, no es posible escapar del peligro.
Pero hay una salida: poner en palabras (o en escena, que es parecido) la caída,
ese instante.
Es una idea a lo Samuel Beckett. Reducir la acción teatral a un instante, el de
la caída, una de las múltiples caídas de un hombre. Un teatro en el que no pasa
nada. Se espera. La espera.
Pero también representar el cuerpo roto que, después de meses, será restaurado.
El fémur se recompondrá, se articulará de nuevo con la pelvis, la tibia.
Volverá a caminar.
¿Y mientras tanto? Mientras tanto un bloque de arcilla en la escena, el cuerpo,
que busca desesperadamente la forma.
El hombre que se estrella moldea una y otra vez la arcilla para
re-pre sentar el dolor, la rabia, el cartílago que une poco a poco lo roto.
La consigna es no ocultar lo roto (o las cicatrices que la vida
deja en el cuerpo), sino mostrarlo. Lo roto a la vista, según la antiquísima
técnica japonesa del kintsugi. Habitar el fragmento.
La forma del cuerpo roto. Se encienden las luces del escenario.
*Martín Urruty, intérprete y puestista junto a Leopoldo Volpedo.






