sábado, 25 de julio de 2026

El perro de Odiseo


 Es el sudor, el aliento, la voz. Hay algo que nos comunica con nuestros perros. Es el cuerpo.

Ellos no necesitan más para reconocernos. No importa que hayan pasado veinte años. Argos reconoce a Odiseo después de la vejez, las aventuras, la vida.

Ya se sabía hace 2.800 años. Basta leer la historia de Odiseo y su perro. 

Homero, Odisea, Canto XVII, 291/327

 [290] Tal hablaban los dos entre sí cuando vieron un perro que se hallaba allí echado e irguió su cabeza y orejas: era Argo, aquel perro de Ulises paciente que él mismo allá en tiempos crió sin lograr disfrutarlo, pues tuvo que partir para Troya sagrada. Los jóvenes luego [295] lo llevaban a cazas de cabras, cervatos y liebres, mas ya entonces, ausente su dueño, yacía despreciado sobre un cerro de estiércol de mulas y bueyes que habían derramado ante el porche hasta tanto viniesen los siervos y abonasen con ello el extenso jardín. En tal guisa [300] de miseria cuajado se hallaba el can Argo; con todo, bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto, coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo fuerzas ya para alzarse y llegar a su amo. Éste al verlo desvió su mirada, enjugóse una lágrima, hurtando prestamente su rostro al porquero, y al cabo le dijo: [305] «Cosa extraña es, Eumeo, que yazga tal perro en estiércol: tiene hermosa figura en verdad, aunque no se me alcanza si con ella también fue ligero en correr o tan sólo de esa clase de canes de mesa que tienen los hombres y los príncipes cuidan, pues suelen servirles de ornato.» [310] Respondístele tú, mayoral de los cerdos, Eumeo: «Ciertamente ese perro es del hombre que ha muerto allá lejos y si en cuerpo y en obras hoy fuese lo mismo que era, cuando Ulises aquí lo dejaba al partirse hacia Troya, pronto echaras tú mismo de ver su vigor y presteza. [315] Animal que él siguiese a través de los fondos umbríos de la selva jamás se le fue, e igual era en rastreo.

Mas ahora su mal le ha vencido: su dueño halló muerte por extraño país; las mujeres de él no se acuerdan ni le cuidan; los siervos, si falta el poder de sus amos, [320] nada quieren hacer ni cumplir con lo justo, que Zeus el tonante arrebata al varón la mitad de su fuerza desde el día que en él hace presa la vil servidumbre.»

Tal habló, penetró en el palacio de buena vivienda y derecho se fue al gran salón donde estaban los nobles [325] pretendientes; y a Argo sumióle la muerte en sus sombras no más ver a su dueño de vuelta al vigésimo año.

Homero, Odisea, Canto XVII, 291/327

sábado, 21 de febrero de 2026

Los dioses de la fotografía

¿Qué transmite esta fotografía? La esencia en sí, lo real literal. Es lo que dice Roland Barthes y sería difícil no coincidir con él.

Es tan fuerte la plenitud analógica de esta imagen, tan categórica, que es imposible describirla. Si lo intentáramos, traicionaríamos a la imagen tal como es, a secas. ¿Qué decir? ¿Qué es el rostro del anonadamiento, del derrumbe? La prensa, desde luego, no ha hecho sino emitir mensajes a propósito de esta cara desastrada. No nos interesa esa retórica.

Lo que sí nos importa es rescatar esa función extraordinaria del periodismo gráfico, capaz de retratar un instante de lo real con una fuerza devastadora. A menudo, una foto revela  mucho más que una nota periodística.

Desde luego, lo real se escapa de entre los dedos como el agua de mar. Como dijo el reportero gráfico Phil Noble, el autor de esta imagen formidable de la agencia Reuters, para captarlo es necesaria la gracia de los dioses de la fotografía.
 

sábado, 31 de enero de 2026

El cuerpo no es la medida de todo


El cuerpo no es la medida de todas las cosas. Una prueba.

¿Cómo surgió la idea de la sensación térmica? Unos exploradores antárticos pusieron una botella de agua afuera y midieron qué tiempo le tomaba al líquido congelarse en distintas condiciones del aire y del viento.

No hacía falta más que extrapolar las botellas a los cuerpos. Así, la sensación térmica es la percepción de frío o calor del cuerpo en condiciones de la temperatura del aire y la velocidad del viento.

Sofismo puro.

Este supuesto índice, para simplificar, considera que el cuerpo es la medida de la térmica.

Como decía el sofista griego Protágoras (circa 485 a C. a circa 411 a C.): “El hombre es la medida de todas las cosas”. Y agregaba: “De las cosas que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son”. Y santas Pascuas.

Hay que decir que el bueno de Protágoras se ganaba sus buenos dracmas cobrando honorarios a los ciudadanos que querían hacer política y dar discursos en el ágora para conseguir votos. Un influencer, diríamos hoy.

Platón le plantó cara al sofismo. Si el mismo viento es frío para mí porque lo siento frío y es caliente para ti porque lo sientes caliente, ¿significa esto que el viento es en sí mismo a la vez frío y caliente? ¿O que el viento no es en sí mismo ni frío ni caliente?

Verdades como puño.

jueves, 1 de enero de 2026

Todo fluye

Un puente roto. No, está entero, se ve reflejado en el río. El río que fluye sin importarle el puente. El río que espeja.

Pero ¿cómo? Lo espeja imperfectamente. Porque el puente está roto. Es evidente

¿Es evidente?

René Magritte tituló “El puente de Heráclito” este cuadro de 1935. No es por acaso la invocación al filósofo de Éfeso, aquel de Todo fluye.

Lo que es (sea lo que sea) cambia constante, perpetuamente. Todo es devenir, todo el tiempo. También los cuerpos, esos otros puentes.

Es inútil insistir en la permanencia de lo impermanente. Es inútil insistir en el puente. Eso es lo único evidente.

domingo, 20 de julio de 2025

Pie nómade


La piel cuarteada, cuarteada como la tierra cansada. La alpargata, no menos cansada, no retiene el cuerpo como los zapatos citadinos. Tal vez por eso el talón parece querer levantar vuelo. Pero es inútil, son “pies de tierra, de arcilla”, como canta T.S. Eliot. El perro, el hocico pegado al suelo, lo sabe. Siempre saben, los perros.
El pie de un antiguo nómade de la pampa: eso es lo que pretendió captar el fotógrafo Marcelo Coglitore.

miércoles, 28 de mayo de 2025

Excesos


Tute; La Nación, 12 de abril de 2015

¿El exceso del deseo (o el goce) es la muerte? En todo caso, el hombrecito ve un cielo de cuerpo que le hace pensar que está muerto.

lunes, 24 de marzo de 2025

La Fuente de la Doncella


Los que leyeron “Mujeres de mármol. La novela de Lola Mora” de Ricardo Lesser (Editorial Biblos, 2025) se sorprendieron de que, en 1918, la magnífica Fuente de las Nereidas fuera desterrada de Paseo Colón hacia la lejana Costanera, donde se encuentra ahora, sencillamente porque sus desnudos ofendían el pudor de algunas almas puras.

No era la primera vez que ocurría.

En 1971, en plena “revolución argentina”, arrumbaron en un depósito municipal a la Fuente de la Doncella, del catalán José Limona Brughera, emplazada en el Parque Rivadavia.

Era una muchacha desnuda que se inclinaba “pornográficamente” hacia la fuente. Horror. Sobre todo porque la escultura se “interponía entre la madre celestial y la madre terrenal”. No somos nosotros quienes lo dicen, sino el padre Fernando Carballo, párroco de la iglesia vecina, quien inició el reclamo.

La “obscena” obra perturbaba a un cercano santuario de la virgen de Luján (la "madre celestial") y una escultura llamada “La Madre” (la "madre terrenal"), que representaba a una matrona con sus niños. La perfecta figuración del maternalismo, una especie de protofeminismo de derecha de la que también se habla en Mujeres de mármol. La novela de Lola Mora

El desnudo cuerpo de mujer, al parecer, contaminaba la escena.

Fue necesario que alguien hiciera memoria para que, recién a fines de 2009, la muchacha de mármol volviera al Parque Rivadavia.