jueves, 1 de enero de 2026

Todo fluye

Un puente roto. No, está entero, se ve reflejado en el río. El río que fluye sin importarle el puente. El río que espeja.

Pero ¿cómo? Lo espeja imperfectamente. Porque el puente está roto. Es evidente

¿Es evidente?

René Magritte tituló “El puente de Heráclito” este cuadro de 1935. No es por acaso la invocación al filósofo de Éfeso, aquel de Todo fluye.

Lo que es (sea lo que sea) cambia constante, perpetuamente. Todo es devenir, todo el tiempo. También los cuerpos, esos otros puentes.

Es inútil insistir en la permanencia de lo impermanente. Es inútil insistir en el puente. Eso es lo único evidente.