miércoles, 22 de febrero de 2017

Cosquillas

Madonna del solletico, Masaccio, 1426-1427. Fragmento. Galleria degli Uffizi, Florencia, Italia.
El bebé se ríe. Se desternilla de risa. Le da risa que la mamá le roce el cuello, ese cuello con papada de bebé. Se carcajea como hacen los bebitos después de la teta. 
Se defiende divertidamente de las cosquillas: con las dos manitas le toma la mano a la mamá. Es tan divertido que no tienen importancia las aureolas doradas, el fondo de oro que el tiempo cuarteará inevitablemente.
La Madonna de las cosquillas es deliciosa. Y rara. Hay algunos Niños que juguetean con pájaros, que juegan con Bautista también niño. Pero nada como esta madonna, en la que el Niño ríe. 
Ríe porque la mamá le hace cosquillas. Porque la mamá, amorosamente, provoca la primera sonrisa. No es todavía el tiempo de la palabra. Es el tiempo del tocar íntimo que desata la sonrisa involuntaria. Es el momento en que la mamá abre el mundo del niño con una sonrisa.

miércoles, 25 de enero de 2017

La maga



Lamia, George Frampton, 1899/1900. 
Royal Academy of Arts, Londres
Es hermosa como el ojo del tigre sobre la presa. La piel es de marfil imperturbable. La ropa cae en pliegues, pero no hay que engañarse: es de bronce. Y se ajusta al cuello, a los hombros, a las clavículas como una coraza. Esta escultura de George Frampton (1860/1928) representa a Lamia, la maga serpiente y mujer. La serpiente que fue una mujer de gracia lunar y que toma recurrentemente la forma de una mujer para beber la sangre de los varones.
Lamia es de la raza de Salomé, de Circe y, sobre todo, de Lilith, la primera mujer de Adán según la tradición hebraica. La diabla que no reproduce el orden del cuerpo adánico porque no fue creada a partir de la costilla del hombre. La que, entonces, es capaz de subvertir el orden de los sexos.
Lamia es un monstruo. Monstruo en el sentido de Foucault: excede el orden natural, como Lilith.
Las femmes fatales, como ellas, tienen una sexualidad fálica que promete un desborde (un des-orden) en el que la subjetividad se desvanece, aunque sea por un instante. Una promesa fascinante. Y aterradora.
Pero Lamia, Salomé, Lilith no son más que la mirada del Otro. Sin esa mirada, son ellas las que se desvanecen.

lunes, 9 de enero de 2017

No hay camino



Las huellas de los pies son la señal de una ausencia, la ausencia de un cuerpo que pasó.
Pero los pies portan esas huellas. El camino ha dejado sus marcas en ellos. Es el polvo del camino. Es la piel encallecida de las plantas. Son las venas rotas del camino. 
De modo que andar por el mundo es llevar las huellas del mundo, una memoria, en los pies. En el cuerpo. Esas huellas son testimonio del peregrinaje que hacemos llevados por el deseo o la fe o, a veces, el mero empecinamiento.
Estos son los pies del peregrino que pintó Caravaggio en La madonna dei pellegrini. Son el fundamento de esa imagen maravillosa. No sólo porque están en primer plano. Sino porque hay en ella una intencionalidad clara. El cuadro está organizado alrededor de un eje: la línea oblicua que nace de la cabeza del Jesús niño y concluye en el pie derecho del peregrino. La mirada no tiene más remedio que converger sobre el cansancio de esos pies. 
Éste es el escándalo de esta imagen. Los pies sucios y su historia de huellas.
 











 




La madonna dei pellegrini o di Loreto, Michelangelo Merisi da Caravaggio,circa 1603. Sant'Agostino, Campo di Marzio, Roma.




 


viernes, 2 de diciembre de 2016

Antes de nacer


El feto en la matriz, Leonardo da Vinci, 
circa 1510. The Queen’s Gallery, 
Buckingham Palace, Londres
Todavía le falta desplegarse a la vida. Por ahora está plegado, vuelto sobre sí mismo; la cabeza inclinada hacia adelante, las extremidades recogidas hacia el torso. Absorto en su propio ser.
El cordón umbilical, que rodea las nalgas, todavía no sabe la tragedia del tajo que pronto lo separará del feto.
Éste es el dibujo de un embrión de siete meses con placenta de vaca, lo más parecido a una placenta humana que consiguió Leonardo, que había nacido en Vinci, no lejos de Florencia. Lo hizo hace más de quinientos años.
La imagen aparece en un mar (quizá un mar de líquido amniótico) de otras imágenes y de esas anotaciones con la escritura especular que usaba para cifrar sus pensamientos. Hay detalles de la vena umbilical, bocetos de un embrión de pollo, apuntes sobre la luz y la sombra, un diagrama de la visión binocular. Un mundo de maravillas.
La posición fetal misma es una maravilla. Es la que recomiendan en catástrofes inminentes para minimizar las heridas. Ante el peligro, volver a la posición fetal, la posición que espera desplegarse a la vida. Contradecir la posición decúbito dorsal, la de los cadáveres que se tienden sobre la espalda a mirar inútilmente al cielo; la posición de la muerte.