Terribles mostachos. Lengue al cuello. Los pantalones bien puestos. En la foto no hay una sola mujer.
Los delantales los delatan: son puesteros del ¿Mercado Modelo, el antecedente del Abasto? Puede ser, En todo caso, se ve que están acostumbrados a cargar sobre el lomo medias reses, bolsas de papas negras, barras de hielo. Son cuerpos duros.
Ahí se los ve. Abrazan la cintura del
compañero, se toman las manos callosas. Bailan el tango sin prejuicios.
Cuentan que los varones aprendieron a danzar
entre ellos mientras esperaban turno en burdeles como El Farol Colorado. Cadícamo, que lo conoció, decía que al entrar
había que dejar el talero y el revólver en el guardarropa.
Lo cierto es que siempre había una viola y un
fuelle que tocaban tangos sin partitura.
El cuerpo, que ya tenía sus otras
exigencias, pedía acompañar los acordes melodiosos. Si no había minas, buenos
eran los que hacían fila, hombres hechos y derechos.
Con el tiempo, el tango pasó de las orillas a
los salones. .Se adecentó.
Las señoras sentadas alrededor de la pista no
hubieran tolerado que tocaran a la nena. Por las dudas, el tío aclaraba que no consentiría
ni cortes, ni quebradas.
La coreografía tanguera, cuya esencia es el
abrazo, se normalizó. Se sujetó a las normas de la moral burguesa. El sexo se
hizo tangueramente binario. El varón conduce, la mujer se deja conducir.
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