El alma II, “Soul
series”, František Drtikol, 1930 (fotografía)
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Se eleva. Se adelgaza como si su materia fuera el aire. Una respiración,
un soplo sin embargo femenino. Un cuerpo de mujer que apenas toca la línea
recta inclinada sobre otra línea recta.
Hagamos la cuenta: un cuerpo, una línea recta, otra línea
recta. ¿Cuál es la función de los elementos geométricos, duros, insobornables? Señalar
el cuerpo evanescente.
František Drtikol (1883/1961) dice alma. Nosotros decimos
cuerpo.
El alma no es otro cuerpo. No es ese fantasmita
que sale de la boca de alguien que muere y que se va, que abandona el cuerpo
marioneta en el que ha vivido. Si así fuera, el alma sería otro cuerpo. Un cuerpo
ajeno al cuerpo.
¿Qué es, entonces? Veamos. ¿Cómo nos conocemos? ¿Cómo conocemos nuestro cuerpo? Uno
accede a uno mismo sólo desde afuera. Digamos, yo me toco. Pero me toco desde
afuera, no desde adentro.
Lo dice bien Jean-Luc Nancy. Cuerpo quiere decir el alma que se siente cuerpo. El alma que se
eleva, que se adelgaza, que apenas toca la línea recta no es sino lo otro del cuerpo.